18. Décimo octava lección de zen

¿Cómo resolvemos esa duplicidad que nos hace tanto daño? Integrándonos, haciendo que cuerpo y mente sean una sola unidad. Esto se logra conociendo, y luego dominando, nuestras emociones egocéntricas. La inseguridad nos empuja a sentirnos “dueños”, como si esa fuera la receta del éxito. La pertenencia pasa a ser el centro de nuestra acción, y genera emociones que pueden ser destructivas, siendo nosotros mismos las primeras víctimas. Luchar contra esas emociones es la clave de nuestra integración. La victoria del ser es la pérdida del ego

Anuncios