La plataforma de una vida ZEN

Una vida productiva guiada por los principios Zen se asienta sobre una plataforma construida sobre los siguientes pilares, que en conjunto constituyen la dimensión comportamental del emprendedor que haya elegido este camino. No son mandamientos, a la manera de las religiones, sino enfoques para una vida productiva y eficiente. Estos pilares sostienen una plataforma de vida; sobre ella se puede construir el entramado de los aspectos espirituales que se deseen o que despierten el interés.

1.- Toma de conciencia (atención plena). Existe una gran diferencia entre vivir y existir. Los animales existen, están aquí como producto de un proceso biológico. Los seres humanos viven, porque además de existir están conscientes de ello, se dan cuenta, están atentos, tienen y explotan el concepto de VALOR y lo transmiten; por ello son capaces de trascender. Una persona Zen vive porque desarrolla sus sentidos y centra sus vivencias en si mismo y en su interacción con su entorno interno y externo. Existen varias técnicas para desarrollar este estado de conciencia, hasta llegar a lo que se conoce como “conciencia plena”.

2.- Aceptación (comprensión, no juzgar). El tomar posiciones por adelantado y sin base o antecedentes es causa de inquietud y sufrimiento. Una actitud sabia de vida es dejar fluir los acontecimientos y adaptarse a las circunstancias según vayan sucediendo, sin generar resistencias ni obsesionarse por alcanzar los objetivos ni dejarse influir por halagos o críticas; esto implica que en todo momento se debe conservar la calma, la ecuanimidad, la templanza. Evitar las emociones y las reacciones violentas. En esencia, cultivar actitudes mentales positivas. Hay que aprender a comprender y aceptar el mundo real y empresarial tal y como es y desconectarse del trabajo para cultivar espacios propios y aprender la templanza necesaria y suficiente para vivir plenamente. No es fácil, pero el Zen tiene herramientas que lo ayudarán a lograrlo, siendo la principal la práctica de la Meditación.

3.- Vivir el presente (aquí y ahora). La mayoría de los sufrimientos, incomodidades, inquietudes, vienen de un mal manejo de los tiempos mientras vivimos. Las experiencias vividas pesan sobre nuestra vida y moldean nuestro porvenir. El pasado está lleno de experiencias sobre las cuales tenemos grandes reparos, en los ámbitos personales, sociales o laborales, y el futuro está lleno de incertidumbres, expectativas e inseguridades. En esas condiciones ¿cómo pretendemos vivir felices y realizados, productivos en lo que hacemos y en nuestra vida junto a los que amamos, si gran parte de nuestros esfuerzos se van en vivir una vida que no es real? Para llegar a ese estado de felicidad y paz mental es necesario comprender que los tiempos juegan en contra nuestra si no los sabemos manejar, que el pasado ya sucedió y sean cuales sean sus efectos no podemos alterarlos, que el futuro son ilusiones construibles pero no vivibles en estos momentos. ¿Qué nos queda? Vivir el presente, el aquí en la situación en la que estemos, y el ahora en los tiempos que corren. Vivamos, disfrutemos de lo que hacemos y de las personas que nos rodean. Transformemos nuestra vida en una aventura, no en un reglamento.

4.- Responsabilidad (cada cual es cada cual). Nuestra vida es una seguidilla de sucesos con consecuencias. Nada de lo que nos sucede, o vemos suceder, deja de tener efectos en nosotros o en algunos de los ámbitos que manejamos o en los que nos movemos. Tampoco nada de lo externo es ajeno a nosotros: todo lo que nos sucede es porque nosotros quisimos o permitimos que sucediera. Nadie tiene culpa de nada más que nosotros mismos. Nadie es responsable de lo que nos aqueja más que nosotros mismos. En la interacción con el entorno, cada cual es cada cual, y cada cual construye su propio destino y recorre su propio camino.

5.- Creencias (el tamiz de la razón). La realidad es creada por nuestra mente, no existe fuera de nosotros. El color verde existe porque nuestra mente así nos lo indica, pero para un ciego ese color no existe. Lo mismo sucede con todas las creencias sobre las cuales apoyamos nuestro diario vivir. El qué pensarán de nosotros, el qué pensamos de los demás. Los conceptos de bien y el mal. La atribución de “verdades” a ciertas doctrinas o enseñanzas o situaciones. Los llamados valores, sean sociales, personales, religiosos, corporativos. Hasta lo que entendemos por belleza o fealdad, son todas creencias que perfilan nuestras actitudes y comportamientos, y que usamos como barreras para crear diferencias que nos alejan de nuestro entorno y nuestros semejantes. La diferencia nace del miedo y nos obliga a vivir miedosos. Si queremos vivir felices, debemos aprender a prescindir de las creencias o guardarlas en el cajón de nuestras experiencias sin recurrir a ellas para basar nuestras acciones. Toda acción debe estar basada en la intuición y tamizada por la razón. Debemos aprender que una verdad es tal cuando ya no resiste ninguna otra respuesta generada por las preguntas de la razón. Mientras exista la duda, la tal verdad no es más que una creencia.

6.- Acción, no pensamiento (desarrollar la intuición). La racionalidad extrema es un invento occidental para justificar la preponderancia de la especie humana por sobre las otras especies sintientes. La naturaleza no utiliza la razón, utiliza la intuición. Nuestra vida está hecha de pequeñas circunstancias, pequeños sucesos, pequeñas confianzas, y debemos vivir adaptándonos intuitivamente a ellas. Las mejores decisiones nacen de la intuición, no de la razón. La mejor vida es la que se vive naturalmente, armónicamente con el entorno, no a contraflecha bajo los dictados de la razón. La razón crea creencias y éstas crean diferencias. En un mundo que se demuestra cada vez más unido, las acciones provenientes de la razón nos desunen, apartan, segregan. El Zen es acción, experiencia, intuición, no racionalización de lo vivido o por vivir.

7.- Vivir éticamente (cuerpo, mente, palabra). Para existir debemos cuidar el cuerpo, tal como lo hacen los animales del monte. El músculo exige ejercicio y entrenamiento, pero no violencia. ¿Han visto alguna vez a un tigre practicando spinning o violentando su aparato muscular levantando pesas en las arenas de sus ríos? El tigre elonga, hace ejercicios isométricos, estira sus músculos en forma suave, no los agrede. El tigre y todos los animales hacen Yoga natural. Eso es necesario para existir, pero para vivir necesitamos además ejercitar la mente y entrenar la palabra. La mente es la que nos crea la realidad y nos coloca en ella, y la palabra es la que nos conecta con los demás seres en esa realidad y nos hace unirnos a ellos. Todo este desarrollo, del cuerpo-mente-palabra no es obligatorio ni tiene metas ni objetivos; lo que debe guiarnos siempre es el concepto de lo “correcto”, lo adecuado a nuestra propia realidad. Eso es Zen. Para pasar del existir al vivir, debemos crear y ajustarnos a una ética de vida siguiendo los 4 principios: autoconocimiento y aceptación, amor a nosotros, amor a los demás, respeto al entorno, y para ello debemos contar con una unidad cuerpo-mente-palabra poderosos.

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